jueves, 20 de marzo de 2014

Gazapos en necrológicas (I)

La muerte es una cosa muy seria y la risa, también. 

Mostrar desde aquí un extracto del libro Antología de gazapos de Eduardo Ruiz de Velasco. Una primera entrega muestra del contraste entre el dolor y el humor.

"Hay corresponsales "de la provincia" que toda su misión parece reducida a hablar de los que han fallecido y a veces hacen tantos elogios de ellos que le dan a uno ganas de morirse.

Y ocurren cosas como la de un diario de San Sebastián, en octubre de 1968, que publicó dos veces en el mismo número la noticia del fallecimiento del obispo de Vitoria, don Mateo Múgica, y ambas noticias salieron con el titular cambiado. En una decía "Fallece al disparársele la escopeta", y en la otra, "muerto por su propia carreta".

"Ha fallecido repentinamente, cuando estaba hablando con su novia en Las Palmas de Gran canaria, a causa de un colapso, Antonio Sánchez. Las pérdidas son de consideración."

"Ayer en los acantilados de Punta Galea, en Algorta, apareció el cadáver de un hombre que presentaba heridas de suma gravedad." Si las heridas hubieran sido de carácter leve, seguramente que el cadáver no hubiera muerto.

Wilma Montesi apareció muerta en una playa y el comunicado de la policía local decía: "El cadáver se encontraba en perfectas condiciones de salud".

Falleció en Vitoria un conocido industrial, y al publicar la necrológica en un periódico local, después de hacer un canto a su personalidad, decía: "Rogamos a nuestros lectores una oración por su eterno descenso". Con una sola palabra le mandaron al infierno.

En crónica de Madrid leemos: "Nota triste de este domingo fue el sepelio de Gitanillo de Triana, cuyos restos fueron enterrados en la sacramental de San Justo, con una muchedumbre de toreros y artistas famosos." O sea que los enterraron a todos. Una masacre.


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